Luis Peña Álvarez: “Los «M» tienen los ojos cerrados, como si estuvieran durmiendo en cada escena. Tienen la estética victoriana del eterno velorio”

Aludiendo a lo macabro con toques de humor, el escritor e ilustrador Luis Peña Álvarez se atreve a contar una historia que hace guiños a la antigua costumbre de fotografiar a las personas después de muertas. Se trata de La familia M publicado por Ediciones Pozo de Arena, un libro álbum que nos presenta el misterio de una familia muy peculiar que, cuadro a cuadro, se prepara para una celebración que jamás olvidarán.  

 

—Los libro álbum se caracterizan por combinar texto e ilustraciones. ¿Cómo fue el proceso creativo: primero el texto, luego las ilustraciones, o fue a la par?
El proceso creativo fue simple. Partí por la idea: una familia que prepara una celebración, el cumpleaños de la hija mayor. A partir de ahí hice los primeros bocetos, algo así como un storyboard. Ya visualizadas las escenas, comencé el diseño de los personajes (sus características físicas, vestuarios de época, peinados y otros detalles). Después de eso desarrollé los textos y escribí los diálogos. Cuando ya tenía todo más o menos claro, me puse a hacer los primeros dibujos, luego escogí los mejores y comencé el trabajo con los lápices y las tintas. Al final, los editores hicieron sus observaciones y me señalaron las correcciones que debía hacer. 

—¿Qué te motivó a escribir una historia vinculada con la antigua costumbre de fotografiar a las personas después de muertas? 
Siempre me llamó la atención la era victoriana y su oscura relación con la muerte, reflejada de distintas formas en el arte y la literatura, además de toda esa cultura macabra derivada de la época y la más popular de comienzos y mediados del siglo XX. Entre esas manifestaciones artísticas, mis favoritas son las historias de fantasmas y el cine fantástico y de terror. Sobre la fotografía postmortem, lo que me atrajo fue esa engañosa naturalidad de las personas muertas, sentadas y recostadas, dando la impresión de estar dormidas o descansando. Los «M» tienen los ojos cerrados también, como si estuvieran durmiendo en cada escena, y la estética victoriana del eterno velorio. Por lo menos ese es el juego visual y estético que yo quiero insinuar en su arte. 

—¿Por qué elegiste la técnica de achurado para dar vida a los personajes y cómo crees que aporta a la historia?
Elegí el achurado como una forma de recrear las técnicas de los grabados del siglo XIX y comienzos del XX, por ejemplo los de Gustave Doré para ilustrar la Divina Comedia, el Paraíso Perdido o El Quijote. Los de Goya para su series Los Caprichos, Los desastres de la guerra o La Tauromaquia y también los del chileno Coré. Esta técnica permite jugar con las texturas, así se consigue un aspecto decadente y oscuro, como la gráfica de los antiguos cuentos infantiles, tan llenos de luces y de sombras. Es una técnica interesante y divertida de realizar, pero a la vez un arduo trabajo que cuando está bien hecho resulta finalmente satisfactorio.

Fuente: https://hipergrafia.substack.com/p/andres-montero-macarena-morales

 

Categories: Prensa

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